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INFORMACIÓN
29-5-2002
La lucha por
el agua
Los regantes del río Monnegre aseguran que defenderán sus derechos y que no
permitirán la canalización del cauce, proyecto que ha abierto los antiguos
conflictos que padecía el colectivo
VICENTE FERRÁNDIZ
El anuncio del proyecto de encauzamiento del río Monnegre ha reabierto los
conflictos que el colectivo de regantes mantenía desde hace siglos con otras
entidades. El reducto de agricultores, que durante décadas han visto como el número
de tahúllas o hectáreas cultivadas han ido reduciéndose paulatinamente,
aseguran que están decididos a defender sus derechos y el agua que, desde hace
siglos, afirman que les corresponde. Los regantes de Monnegre alto están
dispuestos a luchar, tal y como hicieron sus antepasados 270 años atrás, por
mantener el derecho de riego y evitar el entubamiento del río que atraviesa sus
tierras. El proyecto de canalización del cauce del Monnegre, a la vista de lo
sucedido ante el abandono de los cultivos por falta de agua en las dos partidas
río abajo, ha movilizado al reducto de agricultores que sirviéndose de los
derechos que tradicionalmente reclaman del pantano de Tibi, aún cultivan unos
campos, 80 tahúllas o 9´5 hectáreas, que antaño surtían las mejores
despensas de los mercados de la comarca.
El contencioso histórico por la propiedad de las aguas que desde hace más de
dos siglos mantienen con el Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante, y que
el acuerdo a dos bandas firmado en la Diputación Provincial el 26 de enero de
1.995 entre el presidente de los regantes de la huerta y el del colectivo de las
Quince Presas del Monnegre no cerró, se ha reavivado en las últimas semanas.
El motivo ha estado en el anuncio del polémico proyecto de entubamiento del
cauce desde el pantano de Tibi hasta el Pantanet. Este proyecto no sólo ha sido
rechazado por los residentes de Monnegre alto, sino por los Amigos de los
Humedales del Sur de Alicante y por EU de la comarca por el daño que produciría
en el ecosistema, prácticamente único de l´Alacantí.
Ramón Coloma es un agricultor «riuter», que a sus 65 años mantiene la
vitalidad y la templanza propia del hombre que ha vivido en perfecta simbiosis
con sus tierras. Su memoria histórica, transmitida por sus abuelos, y el apego
al campo que le vio nacer y le sirvió de medio de vida, lo convierten en una
voz autorizada. Ramón dice que hasta hace 40 años, «cuando en el pantano había
una paleta de media luna que nos daba el agua para el riego, alrededor de 200
familias vivían en las tres partidas donde contaban con una ermita y una
escuela con dos unidades y vivienda para los maestros que aún se mantiene en
pie».
«Después, conforme íbamos ahorrando y el sindicato empezó a restringirnos el
agua, empezamos a comprar viviendas en las localidades vecinas, aunque no
abandonamos nuestras tierras de donde salían productos hortofrutícolas muy
apreciados en todos los mercados de la comarca». Ramón difiere muy poco con el
profesor de la Universidad de Alicante Armando Alberola, al cuantificar de
memoria la superficie cultivada que ocupaban las tres partidas de Monnegre, la
alta, la media y la baja. El profesor las cifra en 275 tahúllas -33 hectáreas-
y el agricultor en 255. Asimismo asegura que «ahora sólo se cultivan las
tierras de aquí arriba, 80 tahúllas, y en plan intensivo hay tres
plantaciones, de una de ellas viven siete familias». «Las dos partidas de
abajo, Monnegre de en medio, "la Culata" y de abajo "la Polvora",
prácticamente empezaron a abandonar el cultivo de los campos por la restricción
de agua que impuso el sindicato cuando hace 40 años cambio la media luna que
regulaba la salida del agua del pantano de Tibi, convirtiendo fértiles campos
en lo que hoy en día prácticamente es un secarral».
COSTE
Unas 700
pesetas por hora de riego junto al pantano
Ramón Coloma, al igual que Juan Ferrándiz, Gironés o Jorge se lamentan porque
no les respeten el derecho secular a disfrutar de los 37´5 litros de agua de
riego gratuito que les corresponden a las 15 presas antiquísimas del cauce del
río y porque encima les quieren quitar la vegetación con la que siempre han
convivido. Ramón asegura que «gracias al acuerdo que un señor, familiar mío,
firmó sin contar con todos nosotros el agua nos cuesta al colectivo a 700
pesetas la hora al pie del pantano, y cada vez que queremos regar tenemos que
pedir permiso al Sindicato de Regantes». Todos coinciden al afirmar que «la
comunidad de regantes de la Huerta de Alicante tendría bastante agua si
funcionara bien la depuradora, dejando la del pantano para su uso y para el
mantenimiento del ecosistema». Juan Ferrándiz, no dudó al afirmar que si el
sindicato no deja las cosas como están podría traer problemas graves, «e
incluso desgracias personales».
Contenciosos
con las presas desde hace 6 siglos
V. F.
El profesor de la Universidad de Alicante, Armando Alberola Romá, en su libro
«El Pantano de Tibi y el Sistema de Riegos de la Huerta de Alicante», pone de
manifiesto los problemas que desde el último cuarto del siglo XIV tuvieron los
regantes de la Huerta Alicantina con las presas que se construían tanto en la
parte alta del pantano como en la baja. Con relación a los de la partida de
Monnegre, dice que en 1.731 la situación se complicó por la beligerancia de
los naturales de Xixona por el derecho de riego por las quince presas antiquísimas
que eran anteriores a la construcción del pantano.
Los primeros roces vinieron por construir azudes y alterar los márgenes. «Cien
años más tarde las relaciones entre los regantes de la Huerta y los del
Montnegre se tornarían tempestuosas». Tras varias sentencias favorables
obtenidas por la ciudad de Alicante sobre todos los caudales del río Monnegre,
«y a pesar de las multas que se imponían a quién no las acataba», el
historiador dice que la situación permaneció inalterada durante el resto de la
centuria y parte de la siguiente. Sin embargo el problema singular que provocó
una agria disputa jurídica, «llegando incluso a degenerar en abierta agresión
física», fue suscitado en el último cuarto del siglo XIX por el derecho de
riego de las 15 presas antiquísimas. Por último, el acuerdo firmado el 26 de
enero de 1.995 no cerró el contencioso histórico, «para lo único que sirvió
fue para desanimarnos, romper nuestra unión y que se abandonaran los campos de
las partidas del centro y de abajo, así como para abocarnos a la situación que
hemos llegado y que no vamos a consentir», concluyen.
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