Los que asistimos a piscinas dos o tres veces por semana a recibir
clases de natación, tenemos en ocasiones días que
podemos definir como de "pocas ganas de nadar". Como
el sentido de la responsabilidad en unos casos, y la presencia
amenazadora de madre/padre/hermana mayor, etc. en otros, nos impide
el "fumarnos" la clase, he aquí algunos consejos
para, una vez dentro del agua, hacer más llevadera y descansada
la misma. Para simplificar, supondremos que quien te acompaña
es tu madre, que además te ve desde fuera y que tienes
monitor (y no monitora como te gustaría). Estas son las
recomendaciones:
1. Investigación. Averigua cuales son las aficiones
del monitor y aprovecha las pausas en que os da instrucciones
para introducir inocentemente una pregunta u observación
interesante sobre su tema favorito. Normalmente, puedes arañar
algún minutillo de descanso.
2. ¡Me entra agua en las gafas! Si además eres miope,
puedes exagerarlo para que un compañero/a o el propio "moni"
te ajuste las gomas. En el peor de los casos, otro minuto de respiro
no te lo quita nadie.
3. El más guay. Sé el más servicial de los
compañeros. Si lo anterior le pasa a otro, ¡que no
se adelante nadie en ayudarle! Tu madre, que te está viendo
desde fuera, verá que eres una persona solidaria.
4. El trago. Hay veces que sin querer se te va algún traguillo
por el lado que no es. Como ya conoces lo que pasa y es fácil
de simular, pues adelante. Éste además tiene la
ventaja que lo puedes repetir dos o tres veces en la misma clase:
¡jolín, que torpe estoy hoy! No sé qué
me pasa...
5. La rampa. Una variante del anterior a la que también
puedes sacar mucho jugo: estiramientos, etc. El tiempo de recuperación
después de una falsa rampa es inversamente proporcional
a la mirada asesina que te está echando tu madre desde
detrás del cristal.
6. De buen rollito. Ten siempre algún buen chiste en la
recámara y no lo alargues innecesariamente. Mejor dos chistes
cortos que uno muy largo. Esto lo puedes combinar con comentarios
graciosos al final de cada serie. Por ejemplo: he cogido el churro
al revés, mi pull no funciona, déjame tu tabla que
corre más que ésta, si veis algo flotando es mi
hígado...
7. Las náuseas. Después de una serie larga, de esas
que las bolas de los ojos te bailan solas dentro de las gafas,
cuando recuperes el aliento dile al monitor que tienes ganas de
vomitar. Has merendado/almorzado mucho y se ve que algo te ha
sentado mal. Vas a salirte un poco por si acaso. Pon cara de asco
para preocupar también un poco a tu madre y vuelve al agua
no antes de 5 minutos. Pero vuelve, que vean que hay voluntad.
8. ¡Que me meo encima! Sobran los comentarios. ¡Ah!
y una colleja a la salida no te la quita nadie.
9. El cocodrilo. También conocido como "el hipopótamo".
La técnica consiste en camuflarse sumergido al final de
la piscina asomando únicamente los ojos y la nariz. La
nariz para no ahogarte y los ojos para no perder de vista al monitor.
El borde de la piscina te ocultará de los que miran desde
fuera.
10. El jueguecito. Propón al monitor algún juego
en que podáis participar todos. Si está por la labor,
podéis pasar todos una clase de lo más agradable.
Pero ¡ojo!, sin darte cuenta acabarás más
cansado que si hubieras nadado normalmente. Eso sí, la
clase se te pasará en un pis-pas.
Espero que todos estos consejos te sirvan de ayuda. Hay muchos
más, pero la lista sería interminable. Recuerda
que tampoco es conveniente abusar, a menos que quieras ampliar
tu colección de sopapos. No olvides que tu madre te conoce
como si te hubiera parido. Y el monitor acabará por no
perderte de vista.
Obi Wan.